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sábado, 5 de junio de 2010

TESTIMONIOS - EL CASO DE FERNANDA (Tercera Parte)

Poniéndome en el lugar de la madre le manifesté a Fernanda que lo más probable era que la reserva de ésta podía deberse a que había quedado herida por la decisión de la hija de mudarse a la casa del padre, con el agregado de que debía extrañarla muchísimo porque en ocasiones no la veía durante dos semanas.
Le sugerí tener una conversación con ella aclarando el verdadero motivo por el cual Fernanda había decidido la mudanza, más la seguridad de que en época de vacaciones ella volvería a residir con su madre.
Con respecto al padre, que de acuerdo a lo que Fernanda manifestó siempre había sido una persona lacónica, le hice notar que él no solo no había cambiado su forma de ser, sino que había aceptado de buen grado que ella se instalara en su departamento, no obstante la invasión de privacidad que esa mudanza podía significarle. También le hice notar que ella era una chica sumamente agradable y que era una lástima que no se reuniese con jóvenes de su edad.
Fernanda tuvo una conversación aclaratoria con su madre durante la que se acordó que los fines de semana en que ella tuviera guardia la hija pasaría en su casa la noche anterior.
Como consecuencia la relación entre ambas volvió a ser efusiva y ésto, unido a la integración de Fernanda con un grupo de gente de su edad, borró totalmente de ella el sentimiento de soledad y tristeza.

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